viernes, 22 de enero de 2010

Chano Lobato: Cantaor


Juan Miguel Ramírez Sarabia. Cádiz, 1927. Cantaor. En posesión de jondura integral, pese a no tener apenas antecedentes familiares en el flamenco. Hubo quien lo tomó por gitano, pero no lo es. Nació, eso sí, en el mítico Barrio de Santa María, y allí convivió desde niño con toda la gitanería gaditana. Ni siquiera conserva una idea precisa de su inicial contacto con el arte flamenco. "Me encantaba bailar desde chiquillo, porque yo bailaba. De niño bailaba, daba mis vueltecitas. Me acuerdo que me decía Ignacio Espeleta, me decía que era el cohete, cohete, porque bailaba mu nervioso. Tó esto te estoy hablando de chiquillo, cuando tenía cinco o seis añitos". Y en los días de carnaval formaban como una compañía en que iban la Perla, los hermanos Jineto, Curro la Gamba, Rosario la de Ojitos, María la Ñaña, esos flamencos del barrio, se vestían y se iban por ahí, cantaban, bailaban y mangaban. Después vinieron las fiestas en las ventas, y Chano tuvo oportunidad de oír a los más grandes cantaores de aquel tiempo en Cádiz, entre quienes Aurelio Sellés era el patriarca. Pasó del baile al cante, primero para acompañar a los bailaores (en lo que ha sido quizás el mejor de la historia) y desde hace años ya en solitario. El dato de que acompañó durante dieciséis años al bailarín Antonio es significativo sobre su bondad para el baile. Y sin embargo como cantaor de alante es largo, lo canta prácticamente todo y casi todo muy bien, de la siguiriya a las tonás, la farruca y el garrotín, los cantes de ida y vuelta , y por Cádiz es un maestro indiscutible. "Y a toda la gama estilística, Chano Lobato le injerta su personalidad, entregándose cada noche al rito del cante con verdadera intensidad anímica. De ahí que los oles se sucedan a lo largo de sus numerosas actuaciones y el público vibre con su enduendada forma de decir la copla. Chano Lobato es un artista que se emociona con su cante, que se embriaga con él y consigue transmitir rápidamente a los cabales sus esencias más puras" Ríos Ruiz .
Padece diabetes, pero cuando está fresco es capaz de hacer, él solo, el mejor espectáculo flamenco del mun­do. Su voz ladina, su humor astuto, sus tablas y su inteli­gencia enganchan. Es una pe­queña enciclopedia de letras y estilos, y no se sabe qué hace mejor, si cantar puro y a compás, como aprendió de Ig­nacio Espeleta y Pericón o contar los chistes más graciosos de Cádiz.
En 1986 mereció, en mérito a su trayectoria artística ejemplar, la III Distinción Compás del Cante.
Medalla de Plata de Andalucía.
Hijo Predilecto de Cádiz y está considerado uno de los mejores artistas flamencos de la historia.

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